bous

Crònica de festa de bous. Morella, Castelló
Les aproximacions a Morella em feien pensar amb un paratge de mitja muntanya, al final, però, al veure tota la plenitud del emplaçament vaig adonar-me que es tractava d’una seriosa fortificació antiga. El poble rau sota el castell medieval que regne dalt del turó més alt dels voltants i des de el que segurament, temps enrere, es dictava el ritme de la vida de tots.
La festa de bous consisteix en jugar amb els animals, aquests disposen d’armes naturals per tal de defensar-se, és en realitat una celebració ancestral de caire mític on es posa de manifest la valentia dels xicots del poble, en una cerimònia d’iniciació viril que comporta la catarsi general del tots els habitants de Morella. Aixó tan poètic, es converteix en realitat en un botellón generalitzat, en la construcció d’un parapets alçats sobre el carrer, on es refugia la gent i la deixada anar de vaques de mirada torba i acollonida, vaques que tenen banyes! . Jo, que al imaginar una vaca se’m acut una mole estampada blanca i negre, amb unes mamelles opulents i rosades i una cara de beatitud quasi empalegosa, dons no! A Morella les vaques tenen banyes i una cara de desconcert tremenda. El bou (toro) no, el bou és una altre cosa, quant deixen anar el bou, es fa el silenci, se senten els claps, claps, de les seves ferradures picar els adoquins del carrer i la seva altaneria que foragita els valents que gosen acostar-hi. La mirada no és la de la vaca, el bou mira més enllà del temps i diuen que quant envesteix tanca els ulls, per somiar que pot apartar allò que el fa embogir i tornar a la pau de les praderies.
Es tracta en definitiva de una festa on sota la plataforma de la tradició, es donen la mà, la multitud embogida i saturada d’alcohol, que no en té prou per recordar d’on venen, necessiten posar en joc les seves vides i aplacar les forces animals, no sé deu ser per tenir contents els deus o millor les arques municipals. Els grecs ja ho feien, “ Res de nou sota el sol, babys”
Rosa Carner ( Mireia’s mom )
El Corte Inglés corta hasta la mayonesa
Algunas cosas se suponen; como el valor, la honradez y el excelente trato que dan los empleados de uno de los más importantes almacenes españoles, cuyo nombre está relacionado con el color verde y un determinado corte británico( sí, el Corte Inglés). Pues no siempre es así; he de comentar, que ante mi intento de hacer una devolución de un pequeño electrodoméstico (batidora, coste 33 euros) después de la revisión exhaustiva del material por parte de la empleada, se me indicó que había sido utilizado, pero que de todas formas me devolverían una parte del coste. Me encontraba en Sabadell y me atendieron los vendedores del turno de tarde de la sección de electrodomésticos.
La historia del regalo de la dichosa batidora es larga y no viene al caso, pero lo que si que procede es la absoluta seguridad de que jamás se utilizó dicho instrumento. Dejo patente que se me devolvió parte del dinero, lo que se me quitó es la dignidad y además me añadieron entre la empleada y su superior la sospecha, el ninguneo y el bochorno de que la gente que estaba esperando turno me observaran como una mentirosa aprovechada. No es plato de buen gusto, y más cuando te sabes inocente. Pregunto: ¿Pondrán a la venta de nuevo la dichosa batidora?
Consejo: antes de comprar un pequeño electrodoméstico, pruébenlo delante del vendedor, o sea, llévense de casa un par de naranjas para exprimir o un huevo y un poco de aceite para hacer una buena mayonesa encima de la caja registradora.
Galletas, nocilla y magdalenas con vainilla!

Hace días que Hawaii duerme bajo un edredón de plumas de oca de corral.
Si desde la cafetería más próxima al trabajo paro la oreja a la conversación de al lado y escucho como tres mujerzuelas y un hombretón de labios de lino hablan y comentan las quemaduras en la cara de un cuarto comensal no sentado en dicha mesa redonda, no puedo hacer otra cosa que mirar para arriba, muy arriba, extremadamente al borde, e intentar suspirar mirando los picos espolvoreados de estas montañas extranjeras.
Si después de las 14:34 todos ellos deciden retirarse en un vaivén de comentarios sin sal, yo me dedico a revolver el cortado sin prisa, circular movimiento adquirido por los años, dos dedos agarrando la cuchara y la otra mano sosteniendo la cabeza pensante, derrumbada encima de la palma.
Los mediodías pasan sin pena ni gloria. Pero pasan con más azúcar que sal. Y si es que me das a elegir : galletas, nocilla y magdalenas con vainilla!
óxido
I COULDN’T COME UP WITH ANY GOOD PICTURE, BY NOW…. LET’S WAIT.
En la oscuridad del cajón de madera antigua, un alfiler yace, oxidado. Si lo abres, si lo abres con cuidado, el olor de los años te rozará las frías uñas y el sabor añejo de roble explotará por la vieja habitación. Si giras lentamente la cabeza, quizás recuerdes ese color anaranjado que lo quiere bañar todo; entra ávido por las grietas de la ventana. Corre! Adelántate a él y sucumbe al espacio! Y cuando lo hayas hecho, agarra el tiempo por la espalda, mirale a la cara y nunca, nunca, nunca, titubees.
Azul de Prusia

En mitad de algún lugar, la triste cafetera humea. En mitad de algún lugar, un camarera bizca arrastra sin mucha motivación la bayeta mugrienta por encima del mostrador. Tiene una estructura parcialmente deforme, con una barriga abultada por amarillentos lípidos enquistados después de varios años de mórbida actividad a la par de la ingesta desmesurada de bollería industrial. Los hombros bajitos en forma de trapecio sin ángulo, le dan un rollito a lo Dani de Vito en plan hembra y las raíces blancas que arrancan de la base del cráneo y sin tinte en 5 cm, un aire de alimaña casera. La bayeta negruzca huele mal. La mezcla de lejía y aceite de freidora se refugia bajo las uñas. Cuando caiga el sol y llegue a casa, meterá las manos bajo un chorro de agua hirviendo, se frotará fuerte con una mueca en la cara, “vamos, joder, porqué no sales?!” pero ni con arrancarse la dermis consiguirá hacer desaparecer ese olor. Demasiado tarde, lo lleva dentro. Muy adentro.
Arrastra las migajas de croissant que otros se olvidaron. Migajas. Restos. Partes del todo desprendidos en una área de servicio roñosa. Observa el fluorescente que titila desde hace una semana y que le pidió a Walter que arreglara. Pero éste desaparece igual que la luz: de forma intermitente. “ ¿Dónde coño estará este retrasado ahora…?” se pregunta mirando a dos sitos a la vez. La discapacidad ocular se lo permite, aunque no sabemos muy bien hasta que punto su cerebro es capaz de recrear una imagen de semejante apertura angular sin equivocarse en el intento.
Walter se encuentra encerrado en los húmedos baños de puertas azules. Se acaricia torpemente y busca el ahogo de forma desesperada, sin darse tiempo a nada más que recrear un ruidito mecánico con la ropa de la chaqueta y la hebilla del pantalón. Y cuando siente que algo grande le va a sucumbir, escucha su nombre resquebrajado por el hedor del sitio y atropellado por las corrientes del aire helado que se cuelan del exterior. “Walteeeeeeeeer!!La luz, joder!!!”
Una chica entra. Arrastra un poco los tacones de las botas rojas que lleva puestas.
Sonríe a la gente, sin esperar mucho a cambio. Se pide un café y piensa en su soledad. En su viaje. En su vida. En ellos. Piensa en Él. En el precio de todo ello. I visualiza una piscina, de un agua azul de Prusia, elegante, sobria, justa en su nivel, aterciopelada y casi sólida. Cierra los ojos y sentada en el césped que la rodea, observa la luna de agosto, luego yace justo en el borde, y escucha el chasquido nocturno del líquido al golpear, como un corazón, los bordes tan cercanos a su cara. Un grito estremecedor la recupera de golpe, a su café nauseabundo, a su falsa sacarina y a su vida en blanco, toda ella lista para ser coloreada.
Lobo

Es difícil de precisar en qué momento se produce el enuentro.
El bote de miel pierde lánguidas gotas ámbar en la cesta de mimbre. Lametea el mortecino queso, empapa las galletas de canela y termina formando parte del pasto, a medida que ella abanza, con los ojos cerrados y la piel abierta al ruido.
El aire, tibio y constante, revolotea entre los árboles. La tarde cae. Un vestido rojo tiñe el bosque a fogonazos limpios.
También inexacto el instante de duda ortodoxa, casi rubricada con una ‘ele’ perfecta, estratégica e infinta para arriba.
Pero el encuentro se produce, a medias tintas para ella, a enteras para él. Se miran, desafiantes y sesgados. Aromas dulzones y escurridizos al olfato, pliegan los párpados de ambos que apenas pueden mantener en ese estado ambiguo y desenfocado.
Y es que es un poco eso. Perder foco y arrodillase en seco ante una realidad metafórica que nos sirve para irnos a dormir embriagados de suspiros, retos alcanzables y sonidos ordenados.
Vivir. Soñar. Regresar. Levitar. Abrir pesadas puertas que sólo existen entre las blanquísimas sábanas de algodón. Y si cerramos los ojos, sentiremos el barro y del barro su frío y de su frío el manto duro de nuestras uñas.
Gritos ahogados por los Álamos, Mimosas y Acacias. Paredes de corcho receptoras de una larga cadencia de sabores empalagosos. La luz, se tercia hacia el fondo del denso bosque y desaparece en forma de pecas mal puestas encima de un cuerpo albino. Las voces se atrapan y entrecortan. Diálogo de exhalaciones. Las absorve la humedad del cesped, el canto de un grillo, desvergonzadas motas de polvo.
La roja mansedumbre de un bosque de Octubre.
Ni el Lobo era tan feroz ni Caperucita era tan Roja.





